Habían transcurrido 52 años sin terremotos en Guatemala, hasta que, la madrugada del 4 de febrero de 1976, uno de magnitud 7.5 azotó el país.
Con epicentro en la zona del río Motagua, entre los departamentos de Guatemala, El Progreso e Izabal, el sismo no solo sacudió al país, sino que lo colocó en una situación de vulnerabilidad, al cobrarse la vida de alrededor de 23 mil guatemaltecos.
Según registró Prensa Libre en su edición del 5 de febrero de ese año, el movimiento telúrico ocurrió a las 3.03.33 horas, dato que se difundió de boca en boca, pues a esa hora se detuvo el reloj principal de la Catedral Metropolitana.
Sin embargo, los datos oficiales lo sitúan a las 3.01.43 horas. Lo cierto es que bastaron solo 35 segundos para dejar a más de un millón de damnificados en todo el territorio nacional.




