San Miguel Petapa se está convirtiendo en un espejo oscuro de lo que ocurre en México con el asesinato de
“El Mencho”: bares y expendios de drogas operan con total impunidad, y la violencia cotidiana amenaza la
vida de vecinos y jóvenes que solo buscan pasar la noche.
Detrás de la música y las luces de neón, se esconden rutas de narcomenudeo que no solo llenan bolsillos,
sino que engendran enfrentamientos armados. No son solo rumores: balaceras dentro de locales, amenazas
directas a autoridades y ataques entre clanes criminales son la nueva normalidad. El modus operandi es
claro: primero atraen con alcohol, luego enganchan con drogas, atrapando a una juventud que ve cómo su
ciudad se derrumba frente a sus ojos.
Lo que agrava la situación es la complicidad silenciosa de las autoridades. Vecinos denuncian que los cierres
tardíos, la falta de inspecciones efectivas y la permisividad de la municipalidad permiten que estos locales
sigan operando como si nada. Mientras tanto, los criminales locales se sienten tan seguros como los cárteles
mexicanos que han aprendido a moverse entre políticos y empresarios, reproduciendo la misma impunidad
que en México permitió que figuras como “El Mencho” dominaran territorios enteros hasta su caída.
Y la corrupción no se queda en la esquina: hay nombres que se repiten en redes de poder y financiamiento
político. José Estuardo Córdova Guirola, vinculado a denuncias por abuso sexual a menores, sigue bajo el
radar de partidos y figuras políticas que deberían actuar y no callar. Mientras tanto, clanes que deberían
estar tras las rejas en Estados Unidos operan libremente, financiando campañas y partidos como VALOR,
mientras los líderes políticos que deberían alzar la voz permanecen en silencio.
San Miguel Petapa enfrenta una encrucijada: continuar mirando hacia otro lado o tomar medidas drásticas.
Porque mientras la corrupción y la complicidad política sigan cubriendo el narcomenudeo, la violencia
seguirá escalando, y los jóvenes atrapados en bares y expendios serán la evidencia viva de una ciudad que
deja de ser segura noche tras noche




