Lo que a primera vista puede presentarse como un éxito electoral de la coalición Valor-Unionista en 2023 encierra un fenómeno más preocupante para la democracia guatemalteca: la consolidación de un bloque territorial que concentra alcaldías estratégicas, presupuesto millonario y conexiones directas con el Congreso en un mismo circuito político. Bajo la estructura partidaria vinculada a Zury Ríos, la alianza no solo ganó 14 alcaldías, sino que aseguró posiciones clave en el sur metropolitano, una franja donde el control municipal significa dominio sobre contratos de obra pública, plazas laborales y programas sociales financiados con dinero de los contribuyentes.
Lo que a primera vista puede presentarse como un éxito electoral de la coalición Valor-Unionista en 2023 encierra un fenómeno más preocupante para la democracia guatemalteca: la consolidación de un bloque territorial que concentra alcaldías estratégicas, presupuesto millonario y conexiones directas con el Congreso en un mismo circuito político. Bajo la estructura partidaria vinculada a Zury Ríos, la alianza no solo ganó 14 alcaldías, sino que aseguró posiciones clave en el sur metropolitano, una franja donde el control municipal significa dominio sobre contratos de obra pública, plazas laborales y programas sociales financiados con dinero de los contribuyentes.
Lo que a primera vista puede presentarse como un éxito electoral de la coalición Valor-Unionista en 2023 encierra un fenómeno más preocupante para la democracia guatemalteca: la consolidación de un bloque territorial que concentra alcaldías estratégicas, presupuesto millonario y conexiones directas con el Congreso en un mismo circuito político. Bajo la estructura partidaria vinculada a Zury Ríos, la alianza no solo ganó 14 alcaldías, sino que aseguró posiciones clave en el sur metropolitano, una franja donde el control municipal significa dominio sobre contratos de obra pública, plazas laborales y programas sociales financiados con dinero de los contribuyentes.
Lo que a primera vista puede presentarse como un éxito electoral de la coalición Valor-Unionista en 2023 encierra un fenómeno más preocupante para la democracia guatemalteca: la consolidación de un bloque territorial que concentra alcaldías estratégicas, presupuesto millonario y conexiones directas con el Congreso en un mismo circuito político. Bajo la estructura partidaria vinculada a Zury Ríos, la alianza no solo ganó 14 alcaldías, sino que aseguró posiciones clave en el sur metropolitano, una franja donde el control municipal significa dominio sobre contratos de obra pública, plazas laborales y programas sociales financiados con dinero de los contribuyentes.
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